Monthly Archives: octubre 2016

El efecto Uruguay (parte 2): las playas y los recuerdos

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel   

Dicen que nuestra percepción de los lugares y espacios cambia con el tiempo: el ejemplo más común es cuando volvemos a algún lugar de la infancia y todo nos parece más chico. En nuestro recuerdo, ese patio era más grande que un estadio de fútbol, el árbol del fondo era una montaña y aquella habitación era un escondite secreto. Pero lo vemos con unos años más, y todo es distinto. Uno de los pocos países que visité en distintas etapas de mi vida es Uruguay: pasé veranos de mi infancia entre Punta del Diablo y Cabo Polonio, veranos de la adolescencia en Punta del Este e inviernos y primaveras de mis veinte entre Colonia, Montevideo y Piriápolis. En cada regreso encontré algunos lugares como los recordaba y otros muy distintos, aunque siempre familiares y cercanos.

Durante varios años, entre mis cuatro y mis diez años, pasé veranos en Punta del Diablo con mi familia. Mis recuerdos de esos días provienen de los álbumes de fotos y de las historias de mi papá: en las imágenes se veían casitas bajas, calles de tierra y mucha tranquilidad. Alquilábamos una casa con una familia uruguaya y yo jugaba con los chicos, tenía una tabla de surf miniatura —de telgopor, con el dibujo de un tiburón— y me pasaba horas barrenando en la costa. De vez en cuando íbamos al Chuy, en la frontera con Brasil, a hacer algunas compras, o a ver el atardecer a Cabo Polonio. No volví a Punta del Diablo desde entonces, pienso hacerlo este año. Sé que creció como destino turístico, aunque muchos me dicen que fuera de temporada sigue igual que hace veinte años.

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El Norte Argentino: un viaje de iniciación

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel   

Iba a ser mi primera vez viajando con mochila y en grupo. Junto con una de mis amigas habíamos comprado una carpa rosa —el único color que conseguimos por ese precio— y yo estaba por estrenar mi primera mochila de sesenta litros. Recuerdo que cuando me la puse en los hombros me desesperé: me parecía demasiado peso para cargar en la espalda durante veinte días. Saqué cosas y dejé un tercio de la ropa en casa, y recién estando de viaje me di cuenta de que necesitaba incluso menos. En el grupo éramos cuatro: una amiga de la facultad, mi mejor amigo, su novia y yo, más nuestras cuatro mochilas y dos carpas que demostraban que estábamos listos para probar suerte como mochileros. Teníamos veinte años y ese era nuestro viaje de iniciación.

 

El bus nos llevó de Retiro a San Miguel de Tucumán en dieciocho horas, tramo que nos pareció larguísimo. Después nos acostumbraríamos a todo. El cambio de clima y de paisaje fue rotundo: pasamos de la humedad y la locura de Buenos Aires a la aridez y tranquilidad del Norte Argentino. Al no tener las fotos de ese viaje a mano, tengo que confiar en mis recuerdos y reconstruir la ruta de memoria. Pasaron más de nueve años y hay cosas que se me mezclan. ¿Fuimos a los Valles Calchaquíes? Ese sistema de valles y montañas que se extiende de norte a sur por el centro de salta, el oeste de Tucumán y el noreste de Catamarca, esa región considerada de las más lindas de Argentina. Me acuerdo de que me quedé con ganas de ir a Cachi, un pueblito de los valles, con arquitectura española y casas de adobe. Pero estoy segura de que fuimos a Cafayate, porque ahí fue donde alquilamos bicis y pedaleamos entre viñedos y los cactus más altos que vi en mi vida.

Norte

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