Los caminos de España

                            Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel Datos del Autor: Aniko Villalba

Lo primero que me sorprendió de España fue lo fácil que me resultó adaptarme. Aterricé en Madrid —donde me sentí como en casa en un continente que jamás había pisado— y después de superar el cansancio del jet-lag me adapté enseguida al ritmo de la capital española. Me fui de tapas con amigos, exploré los mercados y ferias callejeras, miré la llegada del otoño en el parque del Retiro, fui a escuchar a una banda tributo a Joaquín Sabina, me sumé a la movida de la Latina, quedé boquiabierta en los museos de arte, caminé hasta que no me aguantaron los pies y frené para tomarme cañas o cafés sin importar la hora del día. Madrid pasó de ser la capital de un país que no conocía —pero del que había escuchado mucho— a una ciudad en la que me sentí muy bien sin siquiera proponérmelo. Pero era solo el principio.

barcelona

Lo siguiente que me sorprendió de España fue su diversidad. Visto con ojos de Argentina, España no es un país grande (tiene una superficie un poco mayor que las provincias de Buenos Aires y Córdoba juntas), sin embargo está dividido en 17 comunidades autónomas y cada una es muy distinta de la otra. Basta con hacer unos kilómetros para cambiar de paisaje, de gastronomía, de arquitectura y hasta de idioma (en España se hablan nueve idiomas, todos reconocidos por la Constitución). Eso hace que lo más difícil de empezar un viaje por España sea decidir qué rumbo tomar: como Madrid está en el centro geográfico del país, todos los caminos son posibles.

No hay que irse demasiado lejos para sentir que uno se transporta en el tiempo: Toledo, por ejemplo, está a menos de 45 minutos de Madrid y es un mundo aparte. Las callecitas medievales invitan a caminar, a perderse y a imaginar cómo vivía la gente en otras épocas. La ciudad nació en la Edad de Bronce y, a lo largo de los siglos, estuvo poblada por musulmanes, católicos y judíos, por eso le dicen “la ciudad de las tres culturas”. Segovia, a menos de una hora de Madrid, es otro de los lugares ideales para ir a pasar el día. Es Patrimonio de la Humanidad (España es el país con mayor cantidad de ciudades patrimonio de la Unesco) y su herencia romana está retratada en su atractivo mayor: el acueducto romano.

asturias

Después de visitar los lugares cercanos, decidí seguir el viaje por España en busca de mis raíces, así que me fui a Asturias, la patria de mis abuelos paternos. Al igual que muchos argentinos, fui recibida por mi familia española (a la que no conocía más que por teléfono, postales y relatos) y agasajada con un desfile de platos de comida. En España se come abundante, pero en Asturias se come demasiado (por eso, quizá, la palabra fartura sea tan popular: se usa para describir el hartazgo o malestar que se siente después de una gran comilona). Probé la fabada y la sidra y, para bajar la comida, mi familia me llevó a recorrer la región: visitamos ciudades y playas, subimos a ver a la Virgen de Covadonga en los Picos de Europa, caminamos por pueblitos pesqueros y tuvimos la suerte de que no lloviera por varios días (el norte de España es la zona más verde del país, pero llueve bastante).

gastronomía

De Asturias salté a Catalunya, donde encontré uno de mis lugares en el mundo (no muy original, ya que muchísimos argentinos también la eligieron como hogar): Barcelona. La ciudad me deslumbró a primera vista. Es un cóctel en el que, para mí, no falta nada: tiene arte callejero, música, vida nocturna, mar, inviernos suaves, arquitectura para todos los gustos, actividades culturales todos los días, montañas, espacios verdes, obras de Gaudí, museos, vida al aire libre, gente de todas partes del mundo y muy buena onda. Es una ciudad magnética y cuesta salir de ella, pero también vale la pena tomarse el tiempo y recorrer los alrededores: hay pueblitos mediterráneos encantadores como Sant Pol de mar, hay lugares que fueron la cuna y hogar de grandes artistas (como Figueras y Cadaqués para Dalí), hay ciudades muy coloridas como Girona y sus cases de l’Onyar (casitas pintadas de colores frente al río).

granada

Unos días después, cuando me fui para el sur, supe que había entrado a otro mundo dentro de España. El acento era distinto, la gente hablaba más fuerte, el flamenco se escuchaba en las veredas, la arquitectura tenía una gran influencia árabe, el movimiento en las calles era otro, se sentía más calor: había llegado a Andalucía, la segunda comunidad autónoma más grande del país y la más poblada. Si España es un país diverso, Andalucía le da un sabor muy especial a la mezcla y es casi un viaje aparte. Cuando uno llega empieza a desear que los días se estiren para poder ver todo lo que hay en la región: la Alhambra y el Albayzín en Granada, el Alcázar de Sevilla, la mezquita de Córdoba, las casas de Cádiz, las playas del Cabo de Gata, el viento y las olas de Tarifa. Andalucía tiene influencias celtas, fenicias, cartaginesas, romanas y musulmanas, lo que la hace una comunidad muy variada y llena de vida.

Altea

Pero los caminos de España, entendí, no terminaban ahí. En la frontera con Francia espera el País Vasco, uno de los centros gastronómicos y culturales del país: ahí los días se pasan entre pintxos, olas (algunas de las playas son mundialmente reconocidas por los surfistas), arte (El Guggenheim de Bilbao es uno de los museos más importantes del mundo) y vida al aire libre. Un poco más lejos de la tierra firme, aparecen las islas: las Baleares (en el Mediterráneo) y más lejos aún, las Canarias (en el Atlántico, en el norte de África, entre Marruecos y el Sahara Occidental), ambas de postal.

km cero madrid

Para muchos, una de las mejores maneras de cerrar una visita o temporada en España es haciendo el Camino de Santiago, una ruta de peregrinación que atraviesa el norte de España que nació alrededor del siglo 8 con el objetivo de rendir culto a los restos del apóstol Santiago en Galicia. Hoy no se considera algo exclusivamente religioso y es transitada por caminantes de todas partes del mundo. Cada cual la hace a su ritmo y por el tiempo y extensión que deseé, y todos coinciden en que salen transformados.

España podrá ser mundialmente conocida por tres palabras: fiesta, playa y siesta, pero el país tiene mucho más para ofrecer. Y eso es algo que se descubre viajando.

  Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó «Días de viaje» su primer libro de relatos.

4 comments

  1. Aniko: muy bueno tu comentario, hace dos años recorrí España y tuve sensaciones muy parecidas a las que describís.- Gracias por compartirla y hacer revivir unos momentos muy lindos.- Mónica

  2. Estuve en Madrid y Barcelona muy poco tiempo, a las corridas…en un tour.
    Lo poco que vi me encanto y mi deseo es volver con más tiempo para conocer
    y gustar de España.

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