Francia en cámara lenta

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel Datos del Autor: Aniko Villalba

Hay países de los que es imposible no conocer algo de su cultura de antemano: su influencia hace que esté presente en las comidas, en la arquitectura, en la literatura, en la música y en la historia de muchos lugares del mundo. Es el caso de Francia. Yo, al contrario de muchos que deciden ir primero a las raíces, empecé a conocer el país a través de sus antiguas colonias: aprendí algunas expresiones básicas del idioma para poder viajar por Marruecos, me sorprendí con la mezcla arquitectónica camboyana-francesa en Asia, me llené de baguettes en Laos (uno de los pocos países del sudeste asiático con ese tipo de panadería). Y lo que no aprendí viajando, lo descubrí través de los libros de historia y del contacto con distintas expresiones culturales francesas: el impresionismo de Monet, Degas y Renoir; las historias de Les Miserables y el Jorobado de Notre Dame; los libros de Julio Verne, las frases de El Principito; las fotos de Henri Cartier Bresson; los diálogos de las películas francesas; los croissants de cada día en Buenos Aires; la música de Manu Chao, Daft Punk, David Guetta, Edith Piaf y tantos otros grupos que son la banda sonora de nuestra época; los perfumes, la moda, los pensadores…Es muy difícil ser parte de este mundo y no saber nada de Francia.

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Pero, para ser sincera, durante mucho tiempo no sentí un llamado muy fuerte de parte de Francia. Tenía muchos otros lugares en la lista. Además, como es muy difícil imaginar cómo es un país que uno no conoce, no tenía una idea muy definida de qué era lo que me esperaba si decidía viajar para allá. Porque pueden contarte muchas cosas: que es de tal manera, que la gente es así o asá, que la comida es deliciosa, que los paisajes son únicos, que hay castillos de cuento y muchas impresiones más, pero el lugar no deja de ser una incógnita. Cada persona relata sus vivencias y destaca lo que ese país significó para él o ella, y lo que a uno le gustó puede que a otro no. Antes de viajar, uno se forma una imagen mental con todo lo que se imagina de ese lugar y tiene expectativas e ilusiones, pero lo cierto es que hasta que no pone un pie en destino no sabe cómo se siente estando ahí. Y eso, al final, es lo más lindo de viajar: las sensaciones que genera cada lugar.
Hace unos meses crucé de España a Francia casi sin haberlo planeado: un amigo filipino al que no veía hacía tres años estaba viviendo en París así que decidí visitarlo antes de que se mude a Italia. Visitar amigos en otro país es una muy buena razón para hacer un viaje. El tren de alta velocidad me llevó de Barcelona a París casi sin escalas, y cuando llegué a la capital supe que estaba por probar una dosis muy concentrada de Francia. Las capitales son así: una sobredosis de estímulos. La primera impresión que tuve de París fue muy distinta a lo que esperaba: es una ciudad grande y bastante acelerada, el mapa del metro abruma, todo está en francés, hay miles de turistas por todas partes y hay tanto para ver y hacer que es difícil saber por dónde empezar. Los días nunca parecen alcanzar. Por eso París, en mi opinión, se degusta de a poco y en varias visitas. Pero hay que verla aunque sea una vez en la vida.

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El problema es que después de pasar por París es aún más difícil elegir por qué región de Francia seguir: todas son demasiado tentadoras. Quizá, para no desesperar, hay que hacer un multiple choice mental y tildar los casilleros que más nos interesan: ¿campos de lavanda? ¿quesos y vino? ¿pueblitos frente al mar? ¿campiña? ¿ciudades más chicas? ¿castillos? ¿montañas? ¿surf? ¿Sitios Patrimonio de la Humanidad? Hay de todo y para todos. Francia tiene veintidós regiones administrativas, organizadas en siete regiones culturales, y cada una tiene su personalidad y rasgos destacados. Y en el interior del país, a diferencia de París, el ritmo es otro: la velocidad de la capital queda atrás y los días avanzan de otra manera, con más lentitud, como si se expandieran hacia los costados y se agrandaran.
Así que a agarrar un mapa y marcar una ruta. El sudeste es la región más visitada después de París: ahí se juntan Cannes, Marsella, Montpellier, Niza, Saint Tropez, Lyon, los campos de lavanda, los perfumes, los festivales de cine. El sudoeste es la región del vino, del mar, del surf; en la frontera con España está el país vasco francés y, cerca también, los Pirineos y sus centros de esquí. El centro es naturaleza pura, lagos, montañas, bosques, volcanes extintos, iglesias, spas, viñedos, chateauxs (castillos). El Gran Oeste es la tierra de la Bretagne, una región muy orgullosa de su identidad y reconocida en toda Francia por sus expresiones culturales. El noreste de Francia, en la frontera con Alemania, fue históricamente una zona de conflicto; hoy tiene las catedrales e iglesias más impresionantes de la región y una cultura local muy fuerte. Y el norte del país está pegado a Bélgica y es el punto más cercano a la costa inglesa; si bien no es una región tan turística, tiene puntos de interés histórico y muchos menos turistas, lo cual la hace tentadora para tomarse un respiro.

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“Viajar lento te permite ver el backstage de cada nación”, afirma Dan Kieran en su libro The idle traveler, y Francia es para eso, para conocerla de a poco y para entender cómo, dónde y por qué nacieron todas esas expresiones culturales tan conocidas a nivel mundial. Francia es para disfrutar del arte en todas sus formas, de la comida en todas sus presentaciones y de los paisajes en todos sus colores. Te irás del país extrañando el sonido del idioma, la textura de los quesos, el sabor del vino y los paisajes de la ruta. Y cuando intentes explicarle a alguien qué fue lo que más te gustó, te va a costar: Francia es un conjunto de sensaciones. Ochenta millones de turistas la visitan cada año; sin embargo, estoy segura de que si le preguntamos a cada uno qué significó para ellos el viaje por Francia, tendríamos ochenta millones de respuestas distintas.

  Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó «Días de viaje» su primer libro de relatos.

2 comments

  1. muy amplio, muy bueno, me gustó. En octubre estaré una semana en Paris, veo que es muy poco tiempo, seguramente en el futuro haré otro viaje.

    1. Hola Ramón, no importa que sean pocos días los que estarás, lo importante es lo mucho que vas a disfrutar y conocer. Gracias por compartir tu comentario con nosotros, saludos!!!

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