Postales de Islandia

     Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel   _aniko                                                                    

La primera postal de Islandia aparecióenmarcada por la ventana del avión, poco antes de aterrizar en Reykjavík. Durante las tres horas que duróel vuelo desde París no paréde hacerme preguntas: ¿Y cómo seráIslandia? ¿Quétal serála gente? ¿A quése dedicarán? ¿Quése sentiráestar un país tan alejado —para mí—de todo? ¿Quéefectos tendráel clima sobre la personalidad de la gente? Hay países que por su nombre y su ubicación parecen pertenecer a otro mundo. Islandia, esa isla colgada en un extremo muy norte del mapa, siempre me sonóa lugar distinto y misterioso. El avión había despegado de noche, dejando atrás una París iluminada por la luz amarilla de los faroles; sin embargo, a medida que nos acercamos a la capital islandesa el cielo nocturno se aclaróhasta volverse blanco. Mi reloj decía que eran las doce de la noche, pero el reloj islandés marcaba el inicio del sol de medianoche. El clima, me di cuenta, iba a ser un protagonista importante del viaje.

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La segunda postal la encontré al día siguiente: Reykjavík, toda, me pareció una de las capitales más tranquilas y amables que conocí. Islandia tiene 300.000 habitantes y 200.000 viven en Reykjavík y alrededores, lo que significa que es la gran ciudad del país. Sin embargo, para alguien que viene de una metrópolis como Buenos Aires, Reykjavík es la paz hecha ciudad. En sus calles no existe el embotellamiento ni la hora pico. El centro está formado por cafecitos, restaurantes, bares y casas de colores. El puerto está a pocos pasos, y si uno tarda en llegar de un punto a otro es por la cantidad de pausas casi obligadas para sacar fotos. Reykjavík en verano es luminosa, aunque un poco fresca. Es difícil imaginar cómo se debe transformar en invierno, cuando todo está cubierto de nieve y hay tres o cuatro horas de luz.

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La tercera postal de Islandia apareció apenas salí a la ruta, y más que una imagen fue una colección formada por todos los paisajes que vi por la ventana del auto. Primera observación: en Islandia hay una sola ruta y es circular, así que no importa para qué lado se tome, el camino siempre volverá a Reykjavík. Es imposible perderse y eso hace que viajar por la isla sin demasiado plan no sea una idea descabellada: Islandia es un país para recorrer por tierra y para ir frenando en el pueblo o paisaje que sea. Segunda observación: me llevó menos de dos días darme cuenta de que en Islandia la geografía cambia tan rápido como el clima. Islandia tiene una superficie casi equivalente a la provincia argentina de Catamarca y una variedad de vistas asombrosa. En un mismo recorrido vi glaciares, montañas, lagos, fiordos, cataratas, arco iris, el mar. El país tiene un dicho famoso: “¿No te gusta el clima? Esperá cinco minutos”, una adaptación podría ser: “¿Querés ver un paisaje distinto? Avanzá unos kilómetros”.
La cuarta postal me encontró en la primera parada del viaje y se fue replicando —con diferencias, claro— a lo largo del recorrido. Islandia es el país de los pueblos mínimos, de los puertos pesqueros, de las casitas de colores dispersadas frente al mar. A primera vista, muchos pueblos se parecen, aunque cada uno tiene su personalidad: Stykkishólmur quedó en mi memoria como el pueblo del puerto quieto y silencioso, Arnarstapi como el de las casas con pasto muy verde en el techo, Siglufjördur como el de las montañas nevadas e inmensas, Vik como el de la playa con arena negra, Seydisfjördur como el de las casitas de juguete, Stodvarfjõrdur como el de la fábrica recuperada por artistas frente al mar. No importa qué pueblo de Islandia se visite: todos tienen su magia.

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La quinta postal de Islandia no la vi: para eso tendría que haber viajado en invierno. La aurora boreal, me dijeron, se ve en casi todas partes de la isla y con mucha frecuencia, pero para eso hay que sacrificar el verano, el sol de medianoche, la luz natural que dura todo el día y viajar al país durante su época de tinieblas, de oscuridad, de nieve, de frío. Ver la aurora boreal, sin embargo, hace que todos los esfuerzos valgan la pena. Cuando la vi por primera (y única) vez en Laponia sueca sentí que estaba asistiendo a un espectáculo natural único en el mundo. Eso de que el cielo se pinte de verde y violeta no es algo que se vea todos los días. En Islandia, además, es común observarla desde las aguas termales de algún spa: la combinación perfecta.
La sexta postal es la figurita difícil. Islandia se destaca por la variedad de sus paisajes más que por la variedad de su fauna. Los animales, sin embargo, están ahí, lo que pasa es que a veces cuesta encontrarlos. El zorro del Ártico es el único mamífero nativo: no tuve la suerte de ver ninguno. El país está repleto de aves y es un paraíso para los ornitólogos, aunque para verlas hay que ir en verano. Una de las estrellas islandesas es el puffin, un ave marítima reconocida por su pico grueso y colorido; vive en los acantilados y no siempre se deja ver. El caballo islandés, en cambio, está por todas partes. Es más bajo que el caballo normal y pertenece a una raza que murió en otras partes de Europa pero que sobrevivió 1100 años en Islandia gracias al aislamiento del país. Este caballo tiene una de las melenas más envidiables y fotogénicas del reino animal, y es muy manso y amigable.

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La séptima postal que me llevé de Islandia fue su gente. Durante las tres semanas que pasé ahí conocí personas que marcaron mi viaje y me mostraron, cada uno a su manera, las distintas caras de la hospitalidad islandesa. Algunos me invitaron a quedarme en sus casas, otros me llevaron en su auto cuando hice autostop, un grupo de artistas me hizo un tour por la ex fábrica de pescado que están convirtiendo en centro cultural, una familia me invitó a compartir una cena en su casa, tres mujeres me prestaron frazadas para dormir más calentita en la carpa, una escritora respondió mis mensajes cuando le comenté que me había encantado su libro acerca de los islandeses. Al ser un país chico, en Islandia hay mucho sentimiento de comunidad y todos conocen a todos. Y lo que más me gustó de los islandeses es que ninguna idea, por más loca que sea, les parece ridícula: en esa isla todo es posible.
Fui a Islandia con un montón de páginas en blanco y volví con un cuaderno repleto de textos y un conjunto de postales mentales hechas con palabras, reflexiones, fotos y momentos. Islandia es una postal en sí misma, un país de naturaleza en estado puro, de aire fresco y rutas silenciosas, de puertos pesqueros tranquilos y coloridos, de casas que parecen de muñecas, de costumbres curiosas. Mi conclusión: es el lugar ideal para, a la vez, alejarse del mundo y entrar en contacto con la naturaleza. Un país para buscar postales y, mientras tanto, perderse.

  Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó «Días de viaje» su primer libro de relatos.

6 comments

  1. Me gustó mucho la nota y comparto muchísimas cosas que dijiste. Estuve 22 días en Islandia en Mayo de este año y me parecio increible el país, desde que volví que no hay un día en el que no pienso en ese país. Hay algunos pueblos que nombraste que no pude ir, pero ya los agendé y queda para la próxima vez que vaya, porque va a haber próxima. Fuiste a los West Fjords? A vestmannaeyjar? Siempre quedan cosas pendientes por hacer allá. Cuando estás ahí la isla parece mucho mas grande de lo que realmente es. Te felicito por el viaje, saludos! Marcos

  2. Aniko, que buen viaje hiciste por Islandia. Son de esos lugares que uno sabe poco y no se te ocurre ir, pero con tu descripción me has tentado mucho. Escribís muy bien y con buenos detalles del recorrido. Si llego a ir , luego te cuento como me fue. Hasta pronto.

    1. Rober, cómo estas? Como bien decís Islandia no es un país de los más comunes para visitar pero lo que si te puedo asegurar es que es maravilloso. Esperare tus comentarios, cuando lo visites. Saludos

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