Bélgica por la ventana

 Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel   _aniko

Muchos me preguntaron para qué iba a visitar Bruselas: “No hay nada para ver, es aburrida”, y yo aprendí, después de varios viajes, que esa es una de las mejores frases que pueden decirme acerca de un lugar. Cuando para la mayoría de la gente un país o ciudad “no tiene nada para ver”(algo ridículo, porque en todo el mundo hay cosas para ver), más me interesa ir. Me dijeron lo mismo de Malasia y Laos durante mi viaje por Asia y ambos países quedaron entre mis preferidos. Que la voz viajera popular diga que no hay nada para ver es casi una garantía, en mi opinión, de que el lugar es auténtico: no se vende bajo un eslogan determinado, no hay atractivos turísticos sobreconocidos (es decir, demasiado vistos) y no tiene muchas máscaras. En esos lugares la gente se dedica a vivir con normalidad y no pretende ser algo distinto de lo que es ante los curiosos que van de visita.

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Viajé a la capital belga en tren desde París. Decidí ir en el tren regional y no en el de alta velocidad —no tenía demasiado apuro por llegar— así que consulté Rail planner, la aplicación móvil de Eurail, para ver cuánto tiempo me llevaría el viaje y qué cambios tendría que hacer. La aplicación indicaba que serían unas cinco horas y media de viaje con transbordos (de no más de diez minutos de espera) en Amiens, Lille Flanders (ambos en Francia) y Tournai (en Bélgica). Me pareció perfecto: elegir el camino más lento me daba cuatro horas de yapa para leer, escuchar música, escribir, mirar por la ventana del tren y preguntarme cómo sería Bélgica. Uno de los grandes placeres de viajar por Europa es hacerlo por las vías y, en mi opinión, cuanto más despacio se vaya mejor.
El tren salió en el minuto exacto —los trenes en Europa son muy puntuales— y dejó atrás París, esa diosa francesa encantadora para unos y abrumadora para otros, para emprender el camino hacia Bruselas. Poco tiempo después ya estábamos en el campo, avanzando por caminos y paisajes exclusivos: el tren no iba paralelo a la autopista sino por su propia ruta de naturaleza. Esa es otra de las ventajas del tren: va por caminos secretos y silenciosos, lejos de cualquier tipo de vehículo. Hice los transbordos necesarios y me di cuenta de que habíamos entrado en Bélgica porque la arquitectura era distinta a la que había visto en Francia. Cuando el tren entró al centro de Bruselas y vi las calles y edificios, mi primer pensamiento fue: “Ah, ¡pero es linda Bruselas!”. A veces es bueno viajar sin muchas expectativas y dejar que el lugar te sorprenda. Bruselas me esperaba del otro lado de la ventana.

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La capital belga es sede de varios edificios gubernamentales europeos y considerada capital de la Unión Europea. En la ciudad vive y trabaja gente de todas partes de Europa y eso genera una mezcla cultural muy grande. Bélgica tiene dos regiones diferentes: Flandes, de habla neerlandesa, en el norte; y Valonia, de habla francesa, en el sur. Bruselas está ubicada en Flandes pero es oficialmente bilingüe. ¿Que no hay mucho para hacer? No es cierto: el centro histórico de Bruselas es uno de los más impresionantes de la región, las calles están repletas de murales (Bélgica es un país con mucha tradición de cómics) y no hay nada mejor que buscar un poquito de sol (si hace frío) y sentarse a hacer un picnic y a mirar a la gente pasar. Y lo que dicen de la cerveza es cierto: Bruselas (y Bélgica en general) tiene una variedad enorme (y deliciosa) de cervezas artesanales, y salir por los bares a degustarla es un muy buen plan.
Bélgica tiene una ventaja: al ser un país chiquito, no hay ciudad o pueblo que quede lejos de la capital. Hacer base en la ciudad, entonces, es una muy buena opción: los trenes van a todos lados en pocos minutos u horas. Y Brujas, por más que esté muy visitado, está en la lista de todos los que viajan a Bélgica: “No podés no ir, es uno de los lugares más lindos del país”. Y es cierto: Brujas es una postal por donde se la mire. Ubicada en Flandes, es una de las ciudades pre-motorizadas mejor conservadas de Europa. En una visita a Brujas vas a encontrarte con alguna (o todas) de las siguientes cosas: patos nadando en los canales, bicicletas (muchas, muchísimas), lluvia (Brujas es más fría y húmeda que París o Londres), globos aerostáticos (una manera romántica y cara de conocer la ciudad), tiendas de chocolate (otra tradición belga) y muchos turistas (hay quienes se quejan y dicen que Brujas se está convirtiendo en Disney). Un buen ejercicio es mirar la película “En Brujas” antes o después de viajar: vas a mirar la ciudad con otros ojos

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A veinticinco minutos de Brujas (y a treinta de Bruselas) está Ghent, otra joyita de Bélgica, uno de los centros universitarios del país. La ciudad es medieval y fue una de las más ricas y poderosas de Europa, algo que se puede ver en su arquitectura. Hoy está habitada por gente joven y artistas: es una ciudad viva y creativa. Hay eventos culturales todos los días, una atmósfera relajada, bares de cerveza y olor de waffles en el aire. Si pensabas que Bélgica iba a ser un lugar de paso, pensalo otra vez. A menos de una hora están Damme (otro de esos pueblitos encantadores), Ypres (para los interesados en eventos históricos), Ostend (una ciudad costera), Antwerp (ciudad de la moda y los diamantes) y muchos rincones más. Y después de viajar por Bélgica, la siguiente decisión imposible será a dónde ir: el país limita con Francia, Luxemburgo, Alemania y Holanda, y todas las ciudades están a uno o dos trenes de distancia.

  Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó «Días de viaje» su primer libro de relatos.

11 comments

  1. En Brujas donde todo lo hermoso ya fue dicho por Aniko, la pasamos rebien. Subir a la torre del reloj y escuchar (programado para todo el año) música clásica es de ensueño. Ni hablar de los bordados, los fiambres y los quesos, pero y esto es verdad de algo me aburrí: en uno de los restaurantes del centro de la plaza pedimos dos porciones de mejillones (éramos 2) y juro que me aburrí de comer mejillones (los míos 1 kg. y la 1/2 de los de mi señora) y créanme me dediqué a controlar: ninguna concha vacía, ningún mejillón estaba cerrado. Eran inmensos. Esto me costó que cada vez que pido mejillones (ya casi nunca) quedo disconforme así sea el mejor restaurante. Como los de Brujas no existen.

    1. Estoy totalmente de acuerdo con Ricardo, y les cuento que en mi primer viaje sola a Europa desde Roma fui a brujas , la premier a impresión es Venecia pequeñita, pero después de recorrerla me hizo recordar a películas antiguas en blanco y negro, con sus casitas de te con sus cortinas de encaje, la plaza principal, las lanchas que pasan debajo de los puentes que rodean la ciudad y no me alcanzaría toda la página para seguí describiéndola, no dejen de conocer brujas.

  2. Europa es lo más lindo que hay, todos los lugares tienen ensueño y cada país tiene brinda cosas distintas. De nacimiento soy croata y puedo decirles con conocimiento de causa que conocí Dubrovnik y les aseguro que es imperdible, sus playas son hermosas, sus vistas inapeciables y les dijo que las conozcan, todo tiene historia y uno no se cansa de conocer Europa en general.

  3. Realmente Bruselas y Brujas son 100% recomendables. Todo es lindo: la arquitectura, su gente, la comida, los chocolates!! Los días que estuvimos en Bruselas llovió mucho por lo que nos quedaron varias visitas pendientes pero igual lo disfrutamos.
    Insisto, si estás en Europa no dejen de visitar estos lugares magníficos.

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