Los colores de Laponia sueca

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel   _aniko

 

Blanco

El avión me depositó en un mundo blanco. El cambio fue rotundo: salí de una ciudad colorida y ruidosa —Barcelona—y tres horas después aparecí en una de las regiones más deshabitadas, silenciosas y remotas de Europa: Laponia. Viajéa la parte sueca (el territorio de Laponia estádividido entre Noruega, Finlandia, Suecia y Rusia) y como lleguéen marzo, al final del invierno, pude ver desde el avión cómo la nieve derretida había formado parches blancos sobre la tierra verde oscura. Estaba feliz: ya no hacía tanto frío (alrededor de cero grados en una zona que llega a cuarenta bajo cero) y todavía tendría oportunidad de fabricar varios muñecos de nieve. Viajar a lugares con nieve, para mí, es una novedad.

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Laponia estáubicada en Europa del Norte, ocupa unos 388 mil kilómetros cuadrados (un poco menos que la superficie de Paraguay y un poco más que la de Japón) y está atravesada por el Círculo Polar Ártico. Es decir que pertenece a una de esas regiones de la Tierra que parecen formar parte de otra realidad. Esta zona del continente es muy distinta a la Europa del imaginario viajero popular: acáno hay monumentos, ni ruinas, ni tranvías, ni ciudades cosmopolitas. Hay naturaleza, espacios vacíos, bosques encantados, renos, casitas de cuento, lagos en el jardín, caballos salvajes, granjas. Laponia es la región con mayor naturaleza salvaje de Europa y un lugar donde los colores son los protagonistas del paisaje.

Verde

Una de las cosas que más recuerdo de mi viaje por Laponia son las ventanas frente a las que me senté. Me gusta medir los destinos con categorías subjetivas como “ideal para sentarse a escribir”o “acáno creo que me inspire”, y en Laponia me di cuenta de que quiero escribir otro libro en una casita en medio de un bosque. Y si es en invierno mejor. Nunca había dormido en bosques tan de cuento, con esos árboles altísimos y verdes, con la nieve que cubre el suelo y con el sol que durante un rato cada tarde le da un filtro dorado al paisaje.

En Laponia los espacios naturales prevalecen por sobre el ser humano: la densidad de población es de dos habitantes por kilómetro cuadrado y hay varias zonas protegidas y declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Es, además, la zona con más bosques de todo el norte de Europa, y este paisaje es casi de culto entre los suecos. En el país existe una ley de Derecho de Acceso Público que permite que todos los habitantes caminen por y disfruten de los bosques y espacios naturales (incluso los privados) siempre y cuando lo hagan con responsabilidad y respeto. A diferencia de, por ejemplo, Sudamérica, en Laponia un bosque puede tardar un siglo en crecer.

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Marrón

Es sorprendente cómo un color puede presentarse de tantas maneras y con tantos matices. El marrón me parecióun tono omnipresente en la Laponia sueca: estaba en las casas de madera, en las paredes de los saunas (tan típicos de la región escandinava), en las hojitas secas, en los parches de tierra sin pasto, en los trineos, en el pedazo de un muelle que asomaba entre la nieve, en una canoa encallada en el lago congelado, en los esquíes con los que hice una caminata por el bosque, en los frutos maduros de los pinos, en los caballos de pelo largo, en las tazas talladas en madera, en los troncos usados de asiento, en la parte más tostada del pan casero, en las artesanías de los sami, en los renos.

Los habitantes originarios de Laponia son los sami (también llamados pueblo lapón): habitan las costas árticas de Escandinavia desde hace más de 5000 años y son el único pueblo indígena europeo aún existente y reconocido como tal. Son semi nómadas y se dedican a la pesca, a la caza, a las artesanías, al turismo o al pastoreo de renos (actividad que solamente ellos tienen permitido realizar); mantienen sus costumbres y vestimenta y luchan para que su idioma no desaparezca y sus derechos sean reconocidos. Los renos son parte central de su vida, de su economía y de su cosmovisión: se dice que los sami son el pueblo de las ocho estaciones ya que dividen el año en torno al ciclo vital de los renos y marcan las temporadas por eventos como los partos, la marcación, el recuento y la matanza.

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Violeta

Hay colores que la naturaleza se reserva para ocasiones especiales. El violeta, por ejemplo, no es un color que se vea en todas partes y quizápor eso genera tanta magia cuando aparece, ya sea en los campos de lavanda de la Provenza francesa, en las uvas o en algún atardecer. Nunca penséque lo iba a ver pintado una noche en el cielo, pero tuve la suerte de estar en el lugar justo en el momento perfecto. Si bien me habían advertido que la época de auroras boreales ya se había terminado, yo sentía que todavía tenía una posibilidad mínima. Las condiciones estaban dadas: era invierno, la noche era oscura (esto es importante porque en Laponia, durante el verano, hay tres meses seguidos de sol), hacía menos de cero grados y yo estaba parada en una de las regiones del mundo que, junto con Alaska, Dinamarca, Canadá, Groenlandia, Noruega, Finlandia, Rusia e Islandia, es famosa por ser sede de uno de los fenómenos naturales más impresionantes y misteriosos.

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Y sin que me avisaran, empezó. Yo estaba caminando por el bosque cuando vi algo que parecía ser una nube gris (muy fina y con forma de arco) que cruzaba el cielo. Volvícorriendo a la casa y mi anfitrión me dijo: “Agarrála cámara y buscáun claro en medio del bosque, estápor empezar la aurora boreal”. Y como si se tratara de una función única e irrepetible (que lo fue, porque todas las auroras son distintas), me internéen el bosque y quedéuna hora mirando el cielo con la boca abierta. Dicen que las luces del norte aparecen cuando el sol aumenta su actividad y hace que partículas eléctricas entren al campo magnético de la Tierra y choquen con los polos. Sea cual sea la explicación, lo que vale es la experiencia, y por más que hayan pasado dos años no me olvido de que una noche, en una región muy remota de Europa, vi como el cielo negro se pintaba de lineas verdes y violetas que se movían de un lugar a otro y después se desintegraban.

  Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó «Días de viaje» su primer libro de relatos.

8 comments

    1. Que bueno saberlo Alberto, semana a semana vamos subiendo a este blog todas las experiencias de viaje que vamos recolectando en los sitios que visitamos. Saludos

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