Historias de tren

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel   _aniko

Pareciera que todos los trenes a los que me subo tienen como origen o destino París. En este caso, ambas cosas: tengo que hacer Munich – París y ahícambiar de estación para hacer París – Biarritz (en la costa vasca de Francia). El primero sale de la ciudad alemana a las 6 de la mañana y llega al mediodía. Estálleno de gente: muchos irán a una reunión de trabajo (digo, se los ve bien vestidos), otros quizávuelvan a casa, algunos estarán yendo a la capital francesa por primera vez. Hay tantas historias como pasajeros. Me acomodo en mi asiento y compruebo lo que pienso siempre: subirse a un tren es entrar a un mundo cerrado. Un mundo que dura lo que dura el viaje, pero que siempre es distinto, no importa cuál sea el destino.

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Durante las primeras horas alterno las siguientes actividades: escucho música, leo, cabeceo de sueño, apoyo la frente contra la ventana. Ahíviene el controlador, ¿tengo todo? Repaso mentalmente la ubicación de cada cosa: el billete lo tengo en el celular (en su versión electrónica), el pasaporte en la mochila. Se para al lado de mi asiento, le muestro la pantalla de mi teléfono con el código de barras, asiente con la cabeza, sonríe y sigue. Prosigo con mis actividades. Nunca me duermo en los trenes: tengo miedo de pasarme de estación. Además me estaría perdiendo la parte más linda: mirar por la ventana.

Llegamos a París. Tengo poco más de una hora para ir de la Gare de l’Est a la Gare Montparnasse: son trece estaciones de metro, unos veinticinco minutos. Asíque paso del silencio y la tranquilidad del tren al acelere y el caos del metro parisino. Nunca deja de impresionarme cómo corre la gente en este mundo subterráneo. Me sumo a la marea, intento no estresarme, y llego a la estación de Montparnasse con lo justo. Me compro un sandwich para el camino y cuando miro la hora empiezo a correr: el tren sale en menos de cinco minutos. Mi asiento estáen el vagón 18, lo que quiere decir que voy a tener que correr la longitud equivalente a dieciocho vagones larguísimos, y en tan pocos minutos (y con la mochila a cuestas) no creo que me den las piernas. Llego hasta el 15 y me subo ahí: estoy sin aire y el tren se va. Por tres vagones no creo que pase nada. Pero pasa.

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Cuando el controlador llega hasta mi asiento y me pide el pasaje, lo mira y se da cuenta de lo que hice. Que no haya respetado mi lugar no es lo importante, el problema es que a la altura de Bordeaux el tren se separa en dos: la mitad va para Biarritz y la otra mitad a otra parte de Francia. Y estoy en la mitad equivocada. Y para sumarle al asunto, estos vagones no se comunican por el interior del tren: hay que salir y volver a entrar. Por suerte los del asiento de al lado se bajan en Bordeaux y hablan castellano, asíque sécuándo bajarme. No sécuánto tiempo tendrépara correr de mi vagón al 18, pero harélo posible. Faltan como tres horas para Bordeaux asíque me relajo: estos episodios, en el fondo, me divierten.

Los de la mesa de atrás (porque en este tren los asientos están dispuestos en torno a mesas) se la pasan charlando y riéndose todo el viaje. Creo que son estudiantes. Pienso en todos los trenes a los que me subíalrededor del mundo y en cómo siempre (aunque no lo intenten) dejan ver un pedacito de la cultura del lugar. De a ratos vamos a más de 300 kilómetros por hora: lo dice en la pantallita que hay en cada vagón. La verdad es que ni se siente, es como si el tren flotara por las vías. Escucho música, escribo un rato y cuando me doy cuenta ya estamos en Bordeaux.

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Me bajo lo más rápido posible y veo que en la pantalla dice que, efectivamente, una parte de este tren va a Biarritz y la otra no. Por eso era que había que respetar el número de vagón y de asiento. Me subo al que me correspondía y enseguida siento un ambiente distinto. Para empezar, el tren es de otra empresa; se ve que iban enganchados como para compartir el trayecto, pero este vagón es muy distinto al otro: me parece más grande y más luminoso. Además, el idioma cambió: hay mucha gente hablando castellano. Y ahíme acuerdo: claro, es que estoy yendo casi a la frontera con España.

Cuando llego a Biarritz ya es de noche. La estación estáa pocas cuadras del centro de la ciudad, asíque llegar a destino es fácil. Y ahípienso que lo más lindo de los trenes (más alláde la comodidad, de la rapidez, de lo seguros) es que pueden llevarte a donde se te ocurra. Europa es un continente en el que el tren sigue pasando por todas partes.

  Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó «Días de viaje» su primer libro de relatos.

4 comments

  1. Hola Aniko, te felicito por lo que estas haciendo y gracias por darnos la posibilidad de «viajar mentalmente con vos» que tambien es una forma de conocer el mundo.
    Te deseo que tengas siempre algo para sorprenderte y poder contarlo…
    Me gustaria saber de donde sos y cuantos paises recorriste ??

    Te sigo siempre

    Un abrazo

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