El caribe colombiano: elige tu propia aventura

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel   _aniko

Dentro de la frase “me voy al caribe colombiano” caben muchos significados. Irse de viaje a un lugar con mar no tiene por qué ser la misma experiencia para todos. Cada uno viaja a su manera y de acuerdo a sus intereses y objetivos, y lo bueno de Colombia —y del mundo, en general— es que hay para todos los gustos.

Supongamos que querés irte a un lugar con mar y querés, a la vez, que sea un espacio alejado de la civilización y con mucha naturaleza: entonces leé el apartado A. O quizá tenés ganas de ir a un pueblito donde, además del mar, puedas conocer a otros viajeros y hacer otras actividades: entonces B es para vos. O puede que seas de esas personas que necesitan combinar el mar con la ciudad, el descanso con la vida cultural, la playa con las caminatas, el presente con la historia: pasá al apartado C. Y si querés verlo todo, como nos pasa a muchos, leé el D. ¡Buen viaje!

 

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A) El Parque Tayrona: selva con mar

Empacá un buen par de zapatillas porque vas a tener que caminar. No mucho, pero si querés llegar hasta la costa, vas a tener que atravesar un pedazo de selva. El paisaje del Parque Nacional Tayrona es único por eso: combina selva tropical con mar caribe, exuberancia verde con exuberancia turquesa. Está a cuarenta y cinco minutos en bus desde Santa Marta, una de las ciudades más importantes de la costa caribeña de Colombia, y es uno de los parques más queridos de Colombia. Cuando llegues a la entrada puede que te reciba un mono: es que estarás ingresando a su hábitat.  El Tayrona es muy importante por su valor biológico y arqueológico: además de que hay una flora y fauna muy abundante, también hay ruinas de la tribu Tayrona, el grupo humano que vivió en la región durante varios siglos.

“Si amas los zapatos más que el camino, no vale la pena caminar”, dice uno de los carteles tallados en madera que te encontrarás dentro del parque. Te esperan senderos de tierra y varios caminos, dependiendo a dónde quieras ir, pero todos atraviesan árboles, pasan por miradores y llevan al mar. La primera playa, Arrecifes, está a cuarenta y cinco minutos de la entrada; de ahí, a veinte minutos, está La Piscina, ideal para nadar. Y a veinte minutos más está el Cabo San Juan, la playa que casi todos eligen para pasar la noche. Si decidís quedarte ahí, te va a tocar elegir otra vez: cabaña, carpa o hamaca paraguaya. Frío no vas a pasar, la temperatura anual oscila entre los 25 y los 32 grados, y vas a vivir la experiencia de dormir al lado del mar, lejos de todo, en un paisaje que no es fácil de encontrar en otros lugares.

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B) Taganga, pueblito de pescadores

Es mejor que lo sepas de entrada: el punto fuerte de Taganga no es la playa. El mar es caribeño pero no es de los más espectaculares de Colombia. Lo interesante de este lugar es la gente: ahí conviven unas tres mil personas de todas partes del mundo: pescadores locales, colombianos de otras regiones, viajeros y mochileros de otras partes de América y visitantes de Europa y Australia que decidieron quedarse a vivir. Está ubicado a pocos kilómetros de Santa Marta, tiene una bahía entre montañas, barcos pesqueros flotando cerca de la costa y muchos miradores. Este pueblo de pescadores es para aquellos que quieran relajarse durante unos días y, a la vez, conocer gente de todas partes del mundo y hacer un poco de vida nocturna.

Taganga, además, es un buen lugar para sacar el certificado PADI de buceo y es una base cómoda para explorar el resto de la región. Si buscás un poco más de actividad al aire libre, el trekking a la Ciudad Perdida es una buena opción. Este sitio arqueológico fue descubierto en 1976: la Ciudad Perdida fue construida entre el 650 y 700 d.C. por comunidades indígenas tayronas, se cree que fue el centro de una red de aldeas y que albergó entre 2000 y 8000 personas. Está en las estribaciones del Cerro Correa y se accede tras un trekking de 46 kilómetros después de cuatro o cinco días de caminata.

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C) Cartagena de Indias, ciudad colonial

Deben ser pocos los que no sueñan con caminar por las calles coloniales de Cartagena de Indias. Si no fuese por los autos, al entrar a la Ciudad Amurallada uno creería que se transportó a otra época. Las casas están pintadas de colores pasteles y tienen balcones que sobresalen, las paredes están decoradas con flores, las carrozas tiradas por caballos circulan por las calles angostas,  las mujeres caminan con los canastos de fruta sobre la cabeza, los hombres ofrecen sus productos en las veredas; hay gente que frena en las plazas a lustrarse las botas, otros se sientan a mirar los bailes afrocaribeños y los artistas pintan cuadros apoyados contra alguna pared. ¿Qué se siente en la Ciudad Amurallada? Que todo ocurre en las veredas, que la vida está afuera, a la vista de los demás.

Cartagena tiene, además de encanto, mucha historia. Fue uno de los puertos más importantes de América durante la época de la colonización española ya que era el principal centro de comercio de esclavos y la ciudad donde se guardaban todas las riquezas extraídas del continente. Por eso, fue saqueada muchas veces por piratas e invadida por tropas inglesas, francesas y holandesas. Cartagena declaró su independencia en 1741 y la Ciudad Amurallada, su centro histórico, fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1959. Pero una visita a esta ciudad no debería ser solo de las murallas para adentro: los barrios, fortalezas, playas y sitios fuera del Centro Histórico también merecen sus caminatas.

 

D) Quiero ver todo

 

¿Sos de los que no pueden quedarse quietos? Buenas noticias: tu viaje a Colombia no tiene que reducirse a un solo destino. Los pueblos y ciudades de la costa caribeña están bien conectados así que no te será difícil moverte de uno a otro. Podés pasar unos días alejado de todo en el Parque Tayrona, luego conocer viajeros y bucear en Taganga y también perderte por las calles coloniales de Cartagena. Y el itinerario no tiene por qué terminar ahí: cada uno de estos lugares es el punto de partida a otros destinos. Podés ir a pasar unos días a la península de la Guajira, el punto más nororiental de Colombia; podés tomar un vuelo a San Andrés, una isla colombiana de coral ubicada muy cerca de Nicaragua; o podés subirte a un velero con destino a Panamá y hacer una parada en San Blas, uno de los lugares más parecidos al paraíso.

  Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó «Días de viaje» su primer libro de relatos.

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