Todo lo que cabe en Ecuador (Parte I)

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel   _aniko

Los mapas engañan. Cuando vemos un país chiquito, lo primero que pensamos es que en un territorio reducido no pueden entrar demasiadas cosas. Después asumimos que lo podremos recorrer en pocos días, total “no hay tanto para ver”. Y por último, creemos que el clima debe ser más o menos igual en todo el país. Error. Llegué a Ecuador con estas ideas y no tardé mucho en darme cuenta de que iba a necesitar más tiempo del que pensaba para ver al menos un poco de cada región. Ecuador puede ser pequeño en tamaño, comparado con sus vecinos, pero es uno de los países con mayor biodiversidad del mundo y un lugar donde se pueden vivir las cuatro estaciones en un día.

 

Crucé de Perú a Ecuador por el puente que separa —o une— Tumbes y Huaquillas, y lo primero que me llamó la atención fue el silencio y la tranquilidad de la gente. Me sentí bien. Estaba haciendo un viaje largo por América Latina y Ecuador era parte de mi ruta, pero había llegado a la frontera sin mucho plan, algo bastante habitual durante mis viajes. Elegí el primer destino casi haciendo un ta-te-tí: ir directo a Quito me parecía muy al norte, Guayaquil era una buena opción pero no quería perderme el sur de Ecuador, había leído en alguna guía que Loja era la capital musical del país, así que decidí empezar por ahí.

Ecuador1

Ecuador está dividido en cuatro regiones geográficas: la costa —las provincias al oeste de los Andes, con Guayaquil como ciudad principal—, la sierra —la zona de montañas, volcanes y picos nevados, con Quito como ciudad principal—, la amazonía —también llamada Oriente y conformada por las provincias ubicadas en la selva amazónica— y las Islas Galápagos —ubicadas a mil kilómetros de la costa del país, en el océano Pacífico—. Loja, ubicada en la sierra, fue una bienvenida amable a un país que a primera vista ya me gustaba. Deambulé por las calles silenciosas de su centro histórico, disfruté el clima moderado, escuché un solo de trombón saliendo de alguna ventana y después de unos días me fui a Vilcabamba, un pueblo del que me habían hablado bastante, ubicado a una hora de la ciudad.

 

Se dicen muchas cosas de Vilcabamba: su nombre informal es el valle de la longevidad y hay quienes aseguran que sus habitantes llegan a vivir entre cien y cientotreinta años. El pueblo está ubicado en un valle al pie del Mandango, una montaña conocida como “El Inca que duerme” —se dice que protege a la región de los terremotos y desastres naturales—. El aire es puro, el clima es templado, el ritmo de vida es lento y la gente de todas las edades trabaja al aire libre y tiene buena salud. Desde los años sesenta, muchos científicos viajan a Vilcabamba para estudiar las causas de la supuesta longevidad de sus habitantes. Algunos dicen que los ancianos mienten acerca de su edad, otros aseguran que las condiciones climáticas, la pureza del agua, el ejercicio diario y la comida sana ayudan a que la esperanza de vida del pueblo sea más alta. Sea cual sea la explicación, Vilcabamba es el lugar perfecto para desconectarse, desacelerar y alinear nuestro ritmo interno al de la naturaleza.

Ecuador2

 

Cuando llegué a Cuenca, después de un viaje de más de cinco horas bajo un sol radiante, se largó a llover. Fue instantáneo, pero ya había aprendido que el clima en la sierra es así: llueve y sale el sol varias veces en el mismo día. Al rato paró, como estaba previsto, y salí a perderme por la ciudad. El centro histórico de Cuenca fue nombrado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y es impresionante: en cada esquina te encontrás con una construcción colonial, una iglesia, un museo o un detalle que te obliga a frenar. Le dicen la Atenas del Ecuador por su arquitectura y por los aportes de sus habitantes al arte, las ciencias y las letras de Ecuador. En ella confluyen cuatro ríos —Tomebamba, Tarqui, Yanuncay y Machángara— y gente de todas partes del mundo.

Ecuador3

 

En el hostel donde me alojé conocí a dos chicos, un australiano y un estadounidense, que estaban trabajando de voluntarios en Guayaquil. Gracias a ellos fui al Parque Nacional El Cajas y caminé por un paisaje muy distinto a los que había visto hasta entonces. El Cajas es un páramo —un ecosistema de montaña donde predominan los arbustos, árboles bajos y matorrales—, está en la Cordillera Occidental de los Andes y tiene 232 lagunas. Lo curioso del lugar es que estas lagunas están contenidas en “cajas” formadas por las ondulaciones del paisaje e interconectadas entre sí, por eso su nombre. Ese día caminamos por senderos al borde de las lagunas, atravesamos bosques que parecían salidos de cuentos de duendes y miramos el paisaje desolado desde alguna cima. No me voy a olvidar de la garúa finita que nos acompañó durante casi todo el trayecto e hizo que el paisaje me resultara aún más misterioso.

 

Después de Cuenca seguí camino hacia la Costa del Sol, pero eso queda para el próximo capítulo. En Ecuador entran muchísimas más cosas de las que uno se imagina al mirar el mapa.

  Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó «Días de viaje» su primer libro de relatos.

3 comments

    1. Silvia que bueno saber que te gustan los relatos de Aniko en nuestro blog, por acá seguiremos compartiendo experiencias de viajes por el mundo. Saludos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *