El día que caminé sobre el Glaciar Perito Moreno

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel   _aniko

Un día, hace ya más de diez años, mi mamá dijo que no podía ser que fuésemos argentinos y todavía no conociéramos el Glaciar Perito Moreno, así que hizo planes y reservas y decidió que iríamos a festejar el cumpleaños de mi papá al sur del país. El Calafate fue la primera parada de un viaje que terminaría en Ushuaia, la ciudad del fin del mundo, y que me ayudaría a conocer un pedacito más de la Patagonia, región a la que todavía le debo un viaje largo.

 

Fuimos en febrero y nos recibió el aire fresco del sur mezclado con el sol del verano, que hizo que la cara se me pusiese roja. Era un viaje distinto a los que solíamos hacer: a mis papás les encanta el mar, así que siempre íbamos juntos a algún lugar en la costa. Esta vez estábamos inmersos en un paisaje nuevo, con otros colores y formas. Recuerdo que El Calafate, donde hicimos base para ir a recorrer la región, me pareció un pueblo muy silencioso y tranquilo, lleno de construcciones de madera. Después no sé en qué orden sucedieron las cosas porque no tengo fotos para ordenar nuestros pasos de manera cronológica, pero me acuerdo de cada lugar y sensación.

 

En el Parque Nacional los Glaciares vi el Perito Moreno de frente por primera vez. Una cosa son las fotos, otra es tener esa masa de hielo inmensa a pocos metros de distancia. Recuerdo que me quedé inmóvil y en silencio, tal vez sin darme cuenta, tratando de no perturbar la paz del glaciar. El Perito Moreno se origina en el campo de hielo patagónico sur, la tercera extensión de hielos continentales más grande del mundo después de la de Antártida y Groenlandia. De ese campo de hielo, compartido por Argentina y Chile, se desprenden 49 glaciares, entre ellos el Perito Moreno, el Upsala y el Viedma, del lado argentino. El Perito Moreno tiene 258 kilómetros cuadrados y en su descenso alcanza el brazo sur del lago Argentino y aflora sobre el agua con una altura de 60 metros.

Perito

 

El mismo día nos subimos a un barco y navegamos por el lago Argentino, el más grande y austral de los lagos patagónicos. El paisaje parecía salido de un cuadro surrealista: los bloques de hielo flotaban a nuestro alrededor, algunos más grandes que el barco, y formaban arcos, túneles, pirámides, plataformas y esculturas heladas. Quedé hipnotizada frente a esa vista tan repleta de azul, de blanco y de silencio. Más tarde decidimos hacer algo especial por el cumpleaños de mi papá, así que mi mamá contrató una excursión para caminar por encima del Perito Moreno. Nos dieron unos zapatos con pinchos, o al menos así los recuerdo, que atamos a las suelas de nuestras zapatillas para poder caminar sin resbalarnos. Y después fuimos en fila, siguiendo al guía, y subimos y bajamos por senderos congelados. Me resultaba difícil creer que estaba caminando sobre uno de los paisajes naturales más imponentes de Argentina.

 

Tiempo después vi, en vivo por la tele, pedazos del Perito Moreno caer al agua, algo que ocurre cada cierta cantidad de años. Y hace unas semanas, en Francia, conocí a una pareja italiana que había hecho un viaje de tres meses por Argentina. Cuando les pregunté qué lugar les gustó más o cuál recordaban de manera más especial, me hablaron del Perito Moreno. Y, por un momento, creo que todos volvimos a sentir que estábamos parados frente a ese inmenso bloque de hielo, con el aire fresco que nos daba en la cara.

  Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó «Días de viaje» su primer libro de relatos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *