El sonido de las Cataratas del Iguazú

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel   _aniko

Puede que al rato el oído se acostumbre y que uno lo asimile como parte del paisaje, pero será difícil dejar de escucharlo o, incluso, olvidarlo: la mitad del impacto que generan las cataratas del Iguazú es por el sonido. Toneladas de agua cayendo toda a la vez, en estéreo, en surround system, sin parar, sin descanso, día tras día hace siglos. Este debe ser uno de los lugares naturales más multisensoriales del mundo: el calor pesado en la piel, el agua que cae frente a nuestros ojos, el olor a selva y ese sonido ensordecedor que enmarca todo.

 

Viajé a las cataratas del Iguazú hace más de quince años y juro que las sigo escuchando como si hubiese ido ayer. Hay lugares que hay conocer al menos una vez en la vida, y este es uno de ellos. Si vivís en este mundo, tenés que ver las Cataratas. Están formadas por 275 saltos alimentados por el caudal del río Iguazú, en el límite entre la provincia argentina de Misiones y el estado brasileño de Paraná, y ubicadas en áreas protegidas: del lado argentino, en el Parque Nacional Iguazú, y del lado brasileño, en el Parque Nacional do Iguaçu. Son Patrimonio de la Humanidad y una de las Siete maravillas naturales del mundo.

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Una de las discusiones recurrentes es de qué lado son más lindas las cataratas, y la respuesta es que cada país ofrece una vista distinta. Se dice que “desde Brasil se ven y desde Argentina se viven”: como el 80 por ciento de los saltos está del lado argentino, desde ahí se pueden ver bien de cerca, mientras que Brasil ofrece una vista un poco más panorámica. Mi recomendación es que las miren desde las dos perspectivas y decidan por su cuenta cuál les gusta más, pero que no se pierdan ninguna.

 

Las cataratas se pueden recorrer a pie, por las pasarelas, o en lancha. De ambas maneras son impresionantes, aunque quizá el barco da la sensación de que uno está ahí, en el medio de uno de los fenómenos naturales más poderosos. El premio mayor, en mi opinión, se lo lleva la Garganta del Diablo: el salto de mayor caudal y, con 80 metros, el más alto. Cuando lo vi desde la pasarela, parada casi encima, sentí que el agua me hipnotizaba. Dije que recordaba muy bien el sonido: también recuerdo el movimiento, la caída, esas gotas que seguí como en cámara lenta durante al menos una hora. Fue muy difícil romper el hechizo y alejarme de ese salto de agua tan impresionante.

 

Me gustaría hacer una encuesta entre los que fueron a las Cataratas del Iguazú y preguntarles qué recuerdan mejor y qué les impactó más: la vista o el sonido. Yo no sé si puedo elegir uno, pero creo que después de quince años, es el ruido del agua el que sigue fluyendo en mi cabeza. Hay que ir para entender, con postales no alcanza: las fotos de las cataratas son muy lindas, pero solo se acercarían a la realidad si viniesen con un botón para escucharlas caer.

  Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó «Días de viaje» su primer libro de relatos.

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