Bali, isla de dioses y artistas

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel   _aniko

Tardo veinticuatro horas en hacer el trayecto en bus y barco desde el centro de la isla de Java hasta Bali. Llego cansada pero trato de mantenerme atenta: no quiero pisar las ofrendas de flores que voy encontrando en cada calle de la isla. Se llaman canang sari y los balineses las fabrican todos los días, a mano, y las dejan en las entradas de las casas, negocios y restaurantes como agradecimiento a sus dioses. Están hechas de hojas y tienen ofrendas de arroz, galletitas, sal y flores de varios colores. Esto es algo que no se ve en el resto de Indonesia. De las 17.000 islas que conforman al país, Bali es una de las más distintas.

 

Llamada “La isla de los dioses”, Bali es una isla hinduista dentro de un país de mayoría musulmana. La influencia hinduista llegó desde la India alrededor del siglo 5, partes de Indonesia estuvieron bajo el control de imperios indios y los reyes afianzaron esta cultura. Luego, de a poco, el budismo se convirtió en la religión principal de Java y Sumatra hasta que en el siglo 14 la mayoría de la población se volvió musulmana. Bali fue la única provincia que se mantuvo hinduista y muchos intelectuales y artistas decidieron refugiarse ahí. Por eso se dice, también, que Bali es una isla de artistas.

En Bali hay más de 20 000 templos. Cada vez que salgo a caminar por la isla me encuentro con alguna celebración callejera o escucho música y cantos a lo lejos. Los balineses practican una versión local y única del hinduismo, el hinduismo balinés, que mezcla las prácticas tradicionales con animismo, culto a los antepasados y veneración de santos budistas. La religión en Bali es parte central de la vida y se la practica como a un arte. Hombres y mujeres van a los templos con su vestimenta tradicional y rezan, cantan, ofrecen y agradecen en grupo.

 

Decido alquilar una moto, en Bali son el medio de transporte más usado y una manera económica de recorrer la isla. Además de sus colores y espiritualidad, Bali tiene paisajes muy variados: en el centro hay montañas, volcanes, lagos y terrazas de arroz, y la costa forma parte del Triángulo de Coral, el área con mayor biodiversidad marina del mundo. Me quedo una noche en Kuta pero no me gusta, es una zona demasiado turística y no tiene la paz que busco. La playa está llena de gente que va a emborracharse y en las calles me persiguen los vendedores para ofrecerme el mejor descuento en un sarong. Si bien Bali recibe turistas desde hace varias décadas, la película Comer, rezar, amar, basada en el libro de Elizabeth Gilbert, potenció la llegada de visitantes. Hay que ir mentalizado: Bali es uno de los destinos más populares del mundo y no un paraíso perdido en el que se va a estar solo.

 

Me mudo a la casa de una amiga polaca en Ubud, otro de los pueblos de la isla, y me quedo el resto de los días ahí. También es una zona turística pero el ambiente es otro: hay arte por todos lados. Cuadros, músicos, artesanías, templos, esculturas, ofrendas. Voy a ver el kecak, una danza y drama musical balinés que surgió de un antiguo ritual, y no puedo evitar emocionarme al escuchar esa ronda de 150 hombres cantando a la vez. Recuerdo cuando vi un fragmento de ese ritual en la película Baraka. Paso el resto de los días mirando cómo las mujeres preparan y bendicen las ofrendas, veo retratos de Julia Roberts y Barack Obama hechos por artistas locales; me cruzo con cientos de estaciones de servicio improvisadas sobre mesas de madera, con la nafta guardada en botellas de Absolut Vodka; miro el atardecer sobre alguna playa con un montón de gente, como si estuviéramos en el cine. Me entero de que más del ochenta por ciento de las personas que viaja a Bali no va al resto de Indonesia, y entiendo, de a poco, por qué mucha gente piensa que Bali es un país. A veces yo también me olvido de que sigo en Indonesia.

  Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó «Días de viaje» su primer libro de relatos.

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