Melaka, la ciudad que descansa

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel   _aniko

La primera vez que fui pensé que había llegado durante la hora de la siesta. Las calles de Melaka estaban tan tranquilas que cualquier movimiento mínimo, como un gato que de repente se desperezaba, me parecía exagerado. No había viento, las lámparas rojas de papel colgaban de los frentes de la mayoría de las casas y no se balanceaban ni un milímetro, como si pesaran una tonelada cada una. Las banderas tampoco flameaban, el calor de Malasia es intenso y pesado en todo el país, comprobé. Lo único que parecía estar en un movimiento constante, aunque lento, eran los trishaws cubiertos de flores, esas bici-taxis que circulan en ciertos lugares del mundo y son como el enigma del huevo y la gallina: ¿qué nació primero: el trishaw o la ciudad sin apuro?

Melakia1 Caminé por Melaka al estilo de la gente local: por el medio de la calle. Las veredas eran angostas y los pocos autos que pasaban me esquivaban sin tocar bocina, era más probable que me chocara con un carrito de comida que con un conductor enojado. Se repetía el paisaje religioso de Kuala Lumpur: mezquitas, templos chinos, templos hindúes, representando las tres culturas que conforman la demografía del país. Esta vez, además, vi varias iglesias. Y los puestos de comida en todas las esquinas, varios por calle, estacionados en lugares estratégicos como si fuesen altares. Los malayos le rinden culto a su gastronomía, que es, según mi experiencia, una de las más ricas y variadas del continente. Un chino-malayo me dijo que siempre comiera donde había gente local haciendo fila y le hice caso desde entonces.

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Melaka tiene 600 años de historia. Si uno sabe qué está mirando, el pasado de esta ciudad-pueblo se hace evidente. Melaka, que proviene del árabe malakat y significa “mercado”, fue fundada como sultanato por un príncipe hindú a fines del siglo 14. Durante los siglos 15 y 16 fue el centro del mundo malayo, la zona más desarrollada y estratégica de la península y un puerto de intercambio muy próspero. Las colonizaciones no tardaron en llegar: entre el 1511 y el 1641 fue colonia portuguesa —de ellos heredaron varios platos de comida y fortificaciones—, luego fue tomada por la marina holandesa, que mantuvo el poder por 183 años —durante ese período, Melaka perdió su importancia portuaria y ganó palacios y construcciones gubernamentales y religiosas—, por último fue colonia británica durante 122 años —de ellos quedó el idioma—, hasta que la Federación Malaya se independizó. Y además durante toda su historia recibió la influencia de los Peranakan y Baba-Nyonya, los descendientes de los inmigrantes y mercaderes chinos que llegaron a la península durante los siglos 15 y 16 y se casaron con las mujeres locales. Ellos dejaron la mayor parte de las construcciones actuales, como las casas-tienda que bordean las calles. Con todo esto en mente, la mezcla de estilos tiene sentido.   Melakia2

En Melaka, la vida en la calle aumenta a medida que baja el sol y el calor se apaga. Los faroles se prenden, la ciudad toma una luminosidad roja, los puestos de comida se multiplican, los trabajadores dejan sus oficios hasta el día siguiente, la gente sale de sus casas y empieza a buscar dónde cenar. El centro histórico de la ciudad, nombrado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, se convierte en un buffet al aire libre. La acción parece transcurrir en la calle Jonker (o Jalan Hang Jebat), que los viernes y sábados se transforma en un mercado nocturno de antigüedades y comidas. Cerca del río se escuchan grupos musicales practicando su repertorio de canciones románticas, de un bar de karaoke salen melodías de Bryan Adams, se ven parejas caminando de la mano. Me llevó unos días darme cuenta de que Melaka está haciendo lo que seguramente deseó durante varios siglos: tomándose un descanso.

  Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó“Días de viaje” su primer libro de relatos.

 

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