Penang, mi paraíso gastronómico

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel   _aniko

 

Hoy una amiga me mandó una foto de un roti canai que se comió en Penang y, desde Buenos Aires, casi me pongo a llorar. No hay lugar que relacione tanto con la comida como Malasia y no hay ciudad de Malasia donde haya comido mejor que Penang. Fui varias veces: la primera porque me quedaba de paso en mi ruta entre Tailandia y Singapur, la segunda, tercera y cuarta vez por elección. A una viajera se la enamora por el estómago y Penang logró lo improbable: que me vuelva adicta a la comida picante y a mezclas de sabores que en Argentina hubiese mirado con desconfianza. Debería haberles creído cuando me dijeron que en Malasia todo tiene que ver con comida: “Acá hacemos planes en función de lo que queremos comer, las reuniones son solo una excusa para eso”, me dijo la gente local. La china-malaya que me recibió en su casa la primera vez que fui me dijo que ella casi no cocinaba porque era más barato y más rico comer afuera. Y cuando salí a caminar por la isla entendí que sí, que en Penang hay comida cada cinco metros y es imposible no frenar en cada puesto callejero, al menos para tomarse un teh tarik (té con leche y especias) o un kopi (café).

 

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Me gusta la gastronomía que mezcla sabores y de eso se trata Penang, el autoproclamado food paradise de Malasia. En el país conviven tres culturas: los malayos musulmanes, los chinos-malayos y los indios-malayos, además de los miles de expatriados que eligen la isla para vivir. Cada grupo mantiene sus rasgos culturales, vestimentas típicas, celebraciones, religiones, idioma y comida. La isla de Penang es uno de los pocos lugares en el mundo donde se puede encontrar una iglesia, una mezquita, un templo hindú y un templo chino en una misma calle. En un día cualquiera, uno puede ver una procesión hindú, lámparas rojas de papel, mujeres chinas que leen el futuro en las cartas, altares hechos con flores y tazas de té, mezquitas que anuncian que es hora de rezar y gente haciendo fila frente a un carrito que prepara pollo en una esquina.

 

¿Qué desayunar en Penang? Hay varias opciones: la más rápida, disponible en todo el distrito de Little India y en gran parte de la isla, es el roti canai, uno de los platos más típicos de la gastronomía india: un panqueque salado con curry de lentejas. Otra opción es el rojak, que en malayo significa “mezcla”: un bol con frutas, miel, frituras y mango verde, cubierto por una salsa a base de azúcar, ají, belacan (pasta de camarón) y jugo de lima, y con unas pizcas de maní y jengibre. Los kopitiam (o “coffee shops”) son los puestos de comida malaya donde se sirven distintos tipos de kopi y roti bakar (pan al horno, untado con manteca y kaya, una mermelada a base de coco y huevos, y acompañado con dos huevos a medio hervir). El desayuno malayo clásico es el nasi lemak (arroz cocinado en leche de coco, acompañado con anchoas, curry y un huevo duro y envuelto en una hoja de planta de banana) y el curry mee (sopa de curry con noodles amarillos, carne, huevo y salsa de ají). Y el desayuno chino, dim sum: pequeños bollos rellenos de pescado, carne, vegetales, mariscos y frutas, cocinados al vapor y acompañados con té chino.

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El plato fuerte de Penang es Georgetown, su capital histórica, la ciudad que fue el primer asentamiento británico en el estrecho de Malaca y que hoy es Patrimonio de la Humanidad. Un lugar donde, si no fuese por los autos y colectivos, uno creería que está en la Asia de hace dos siglos. La vida callejera empieza temprano: antes de que salga el sol, los mercados matutinos ocupan los bordes de las calles y preparan sus puestos de venta de frutas, especias, carne y verduras. Durante el día, los carritos de comida se desparraman por la ciudad y se dedican a interceptar a los peatones, motociclistas, trabajadores y turistas hambrientos. A la hora del almuerzo, uno de los platos preferidos entre los chinos-malayos es el fried koay teow: fideos chatos de arroz cocinados al wok a muy alta temperatura junto con ajo, camarones, salsa de soja, huevo, brotes de soja, cebolla y berberechos. Y, de postre, el ice kacang: una base de hielo picado con choclo dulce, almíbar, gelatina de hierbas y fruta de palma, con la opción de agregar leche condensada, frutas frescas, gelatina de otros sabores y helado. Mejor dejo de escribir porque me da hambre.

Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó“Días de viaje” su primer libro de relatos.

 

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