Kuala Lumpur, la capital en la que es muy difícil hacer planes

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel   _aniko

Creo que en ninguna ciudad de Asia tuve tanta vida social como en Kuala Lumpur. En la capital de Malasia los planes se hacían solos: fui a reuniones de Couchsurfing con viajeros de todo el mundo, salí a comer postres taiwaneses con una malaya que había conocido en la ciudad anterior, me encontré con argentinos que estaban viviendo ahí, fui a comer hot-pot (algo así como un tenedor libre de comida china donde cocinás tu comida en la mesa) con una china-malaya, frené en cada puesto de comida india para probar un curry distinto. Estuve en Kuala Lumpur unas cinco o seis veces y nunca me alcanzaron los días para hacer ni comer todo.

Barrio Chino

En Kuala Lumpur, como en el resto del país, conviven tres culturas: los malayos musulmanes, nacidos en esa tierra, los chinos-malayos y los indios-malayos, ambos hijos de varias generaciones de inmigrantes. Esta mezcla se ve en los templos, festivales, idiomas y gastronomía. Kuala Lumpur es la ciudad de los contrastes. Si mirás para arriba, la modernidad: el monorriel que atraviesa la ciudad como una serpiente de acero, edificios plateados y posmodernos, shoppings con luces de colores, las Torres Petronas cortando el horizonte. Si mirás para abajo, lo tradicional: templos hindúes y chinos en cada cuadra, mezquitas por toda la ciudad, construcciones de la época colonial británica y muchos puestos callejeros de comida. En un pantallazo general podés adivinar cuáles son las actividades preferidas de los locales: comer, rezar, comprar. Kuala Lumpur es, también, la ciudad de las exageraciones: tiene 66 shoppings, embotellamientos que triplican los tiempos normales de desplazamiento y veredas tan repletas de puestos de comida que pareciera que hay más restaurantes que gente.

Algunas advertencias antes de ir a Kuala Lumpur. Número uno: hay tanto para hacer es que difícil decidir por dónde empezar a conocerla. Lo más cómodo es alojarse en Chinatown, el distrito chino, o Bukit Bintang, el área de centros comerciales y caminar. Número dos: el mapa es muy difícil de seguir. En esta ciudad no existen las calles en línea recta ni las indicaciones del estilo “dos cuadras hacia allá o trescientos metros hacia el norte”. Los locales suelen guiarse usando landmarks —edificios que sirven de referencia— y minutos de caminata, así que vas a escuchar cosas como: “Caminá seis minutos en dirección a las torres, girá cuando veas un puesto que vende pescado a la parrilla y desde ahí caminá cuatro minutos más hasta que veas un templo hinduista”. Número tres: llevate algo para taparte los hombros. Por un lado, porque a los lugares religiosos hay que entrar cubierto y por otro porque Kuala Lumpur oscila constantemente entre el calor húmedo y aplastante del Sudeste Asiático y el frío bajo cero de los aires acondicionados. Cualquier lugar cerrado tiene aire y puede ser más fresco que andar por la nieve en ojotas. Número cuatro: no te llenes los días de actividades.

Templo hindú

Seguramente hagas una lista de lugares para conocer en la ciudad antes de viajar: las Torres Petronas —diseñadas por el arquitecto argentino César Pelli son el emblema del país—, los puestos del Barrio Chino, las vistas desde la KL Tower, el Museo de Arte Islámico, la plaza de la independencia, el mástil más alto del mundo… Pero cuando llegues te darás cuenta de que en esta ciudad es difícil seguir los planes porque siempre habrá un puesto de comida dispuesto a romper cualquier cronograma. “En Malasia todo tiene que ver con comida”, te dirán los locales y extranjeros. Este país es un paraíso gastronómico: comer afuera es tan barato y tan rico que la gente lo hace a toda hora y con cualquier excusa. Así que no te sientas culpable si pasás tus días comiendo roti canai (unos panqueques con curry adictivos), tomando teh tarik (té con leche) y yendo de un kedai kopi (casa de comida) a otro. En Kuala Lumpur, la rutina gira en torno al próximo plato de comida.

Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó“Días de viaje” su primer libro de relatos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *