Los oasis de Mendoza

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel   _aniko

Lo primero que me llamó la atención de San Rafael, primera ciudad de Mendoza que conocí, fueron los árboles. Era octubre y toda la ciudad estaba cubierta de verde. Me acordé de lo que me había dicho un sanrafaelino que conocí en un pueblo de San Luis: “Las ciudades donde la gente solo vive de paso no suelen tener árboles, ya que nadie se queda a esperar que crezcan. En cambio los lugares donde la gente se queda toda la vida están repletas”. San Rafael me daba la bienvenida con calor y mucha vegetación, y yo hice lo que me sale hacer en ciudades tan agradables: caminar.

San Rafael es la segunda ciudad más importante de la provincia de Mendoza y el principal centro turístico de Cuyo, región que abarca a las provincias de San Juan, San Luis y Mendoza. Pasé los primeros días sumergida en el ritmo tranquilo de San Rafael, sus parques y sus bares. Y si bien la ciudad vale para quedarse, no se puede no salir a conocer las bellezas naturales que la rodean. A 37 kilómetros de la ciudad está el cañón del Atuel, formado por la erosión del río Atuel y del viento. Empieza en el embalse El Nihuil y termina en el embalse Valle Grande, y es ideal para practicar deporte aventura o pasar el día en la naturaleza. A 43 kilómetros de San Rafael está Los Reyunos, una represa que forma un lago del mismo nombre, otro lugar ideal para practicar esquí, windsurf, canotaje, buceo y pesca.

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Mi siguiente parada fue la ciudad de Mendoza. Como nací y crecí en una capital, a veces tengo ese prejuicio de que las ciudades capitales —de un país o de una provincia— no suelen tener mucha naturaleza. En Mendoza me di cuenta de lo equivocada que estaba: si bien está ubicada sobre tierra desértica, su extenso sistema de irrigación la hace muy verde y arbolada. Mendoza con sus acequias, sus 80 000 árboles y la precordillera que la rodea es un oasis en medio del desierto. Además, tiene un poder magnético: si bien hay mucho para ver en las afueras, es difícil dejar esa ciudad.

Durante la semana que pasé ahí hice viajes en el día a los alrededores. Así conocí la Reserva Natural Villavicencio, un área protegida, a 50 kilómetros de la ciudad, donde se preserva el patrimonio arqueológico, histórico y natural de la región, así como las fuentes de agua mineral natural. También pasé la tarde en Potrerillos, una zona natural ubicada sobre la cordillera de los Andes, a 69 kilómetros de Mendoza. Si bien no tuve el tiempo de ver más, sé que las opciones no terminan ahí: Mendoza también es el punto de partida para ir a conocer los viñedos y bodegas de la región, para ir a esquiar al cerro Los Penitentes y para escalar el Aconcagua, el pico más alto de América. A fines de febrero y principios de marzo, además, es sede de la Fiesta de la Vendimia.

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Mi recorrido por la provincia de Mendoza terminó en Uspallata, ciudad ubicada a 100 kilómetros de la capital, en la ruta entre la ciudad de Mendoza y Santiago de Chile. Ese camino fue de los más escénicos que hice: paisajes amplios, mucho verde, silencio y, de fondo, la cordillera de los Andes, imponente. Y así, por un camino de caracoles en las montañas, dejé Argentina y crucé por primera vez a Chile.    


Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó“Días de viaje” su primer libro de relatos.

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