Mi primer safari en Sudáfrica

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel 

Nunca pensé que iba a desayunar jugo de maracuyá rodeada de jabalíes, o que tendría a dos jirafas a pocos metros de distancia, o que vería a un grupo de rinocerontes tomando agua de un charco al atardecer. Llegué a Sudáfrica en el verano del 2013 con mucha ansiedad y bastante jet-lag. Como el viaje había sido una invitación de la Embajada de Sudáfrica en Buenos Aires y todo estaba programado de antemano, no tuve mucho tiempo para descansar. Volé toda la noche desde Buenos Aires, casi no dormí, tuve que adaptar mi cabeza y mis ojos a una realidad nueva y a las pocas horas nos subimos al vehículo para empezar el safari. Parecía un sueño.

 

Entramos a la Reserva de Pilanesberg en un vehículo sin ventanas, con los costados abiertos. Éramos unos veinte pasajeros, la mayoría europeos y estadounidenses, y creo que nunca vi cámaras de fotos con lentes tan largos. Era como si tuviesen pequeños elefantes colgados del cuello. Lo primero que recuerdo es el color del pasto, amarillo, y los carteles anunciando que había antílopes cerca. Un grupo de patos descansaba en las rocas frente a una laguna y un bisonte nos miraba atento desde atrás de los arbustos. Bienvenidos a la savana. El guía dijo que era nuestro día de suerte: “Tienen muchas chances de ver a los Big Five de África”.

 

Los Big Five (o “grandes cinco”) son el león africano, el búfalo, el elefante, el leopardo y el rinoceronte. Fueron los cazadores de los últimos dos siglos quienes le pusieron este nombre a los cinco animales más difíciles y peligrosos de cazar. Hoy, son los cinco animales más populares de los safaris. “Todos ellos conviven en los 572 kilómetros cuadrados de la reserva junto con 10.000 mamíferos, entre ellos hipopótamos, jirafas, zebras, zorros, hienas, cocodrilos, antílopes, jabalíes y 360 especies de aves”, nos explicó. Casi todos los animales que habitan el sur de África habitan la reserva de Pilanesberg. Enseguida vimos a un grupo de zebras comiendo y yo ya me di por satisfecha.

 

 

El paseo por la reserva duró cuatro horas. El conductor nos llevó por varias zonas pero no bajamos nunca del vehículo. De los Big Five vimos cuatro: el primero en aparecer fue un búfalo que pastaba tranquilo al costado de la ruta, el segundo fue un rinoceronte escondido entre los árboles, cuando bajó el sol aparecieron dos leopardos caminando despacio y, cuando ya era casi de noche, los elefantes. En el medio nos cruzamos con jabalíes, zorros, antílopes y varias aves. No saqué tantas fotos porque no quería que la cámara me hiciera perderme esa realidad que solo podría volver a ver en documentales. De todo lo que vi en esa tarde me quedo con dos imágenes mentales: la primera fue descubrir a un grupo de búfalos, zebras y rinocerontes tomando agua del mismo charco. La segunda fue cuando el conductor frenó de golpe, el guía prendió una linterna y en medio de la oscuridad apareció el cuello de una jirafa.

Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó“Días de viaje” su primer libro de relatos.

 

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