Vietnam de punta a punta (Parte II)

Post escrito por Aniko Villalba en exclusivo para TIJE Travel 

En Hoi An empezó a llover, una lluvia horizontal y constante. Ya me habían dicho que en Vietnam cuando llueve, llueve de verdad. La ciudad, por suerte, daba para tomársela con calma, así que me compré un poncho, me puse las ojotas y salí a caminar sin mucho rumbo. No hacía frío y de vez en cuando el agua frenaba y me permitía sacar fotos de las lámparas colgantes, las casas amarillas, los templos coloridos, los puentes y las actividades de la gente en la Ciudad Vieja. Hoi An tiene más de 2000 años de historia, fue uno de los puertos más importantes de la región durante los siglos 16 y 17 y tiene herencia india, china y japonesa. Hoy es un pueblo muy turístico, pero su ritmo sigue marcado por el de las bicicletas.

Seguí camino hacia Hue, la antigua capital imperial, ubicada también en la región central de Vietnam. La lluvia era cada vez más fuerte y el poncho aguantaba menos, pero nada me desmotivaba. La historia de Hue está muy conectada a la de la Dinastía Nguyen, que reinó entre 1802 y 1945, hasta que el emperador abdicó para darle lugar al gobierno revolucionario de Ho Chi Minh. Uno de los lugares más interesantes para visitar es Dai Noi, la antigua ciudadela imperial, un complejo de templos, palacios, pabellones, paredes, fosos, museos y galerías en la que fue la sede de gobierno del imperio. Gran parte fue destruida por las guerras y está en reconstrucción, pero aún así sigue siendo imponente y se la compara con la Ciudad Oculta de China.

 

En Hanoi sentí una energía distinta, la tranquilidad de las ciudades anteriores se convirtió en una vorágine de motos y calles repletas. Hanoi es la capital del país hace más de mil años y fue, también, la capital de la Indochina francesa y de Vietnam del Norte. Como en Ho Chi Minh, la ciudad más importante del sur, se veía gente haciendo sus rutinas en la calle: mujeres cocinando, hombres arreglando zapatos, peluqueros al aire libre, gente vendiendo y comprando libros entremedio de lagos, edificios coloniales y templos. El corazón de la capital está en la Ciudad Vieja, que conserva la arquitectura y diseño de calles de la Hanoi antigua. A principios del siglo 20 había solo 36 calles y el nombre de cada una correspondía al oficio que se practicaba en ella. Hoy esa tradición no se mantiene, pero los nombres siguen siendo los de antes. Desde Hanoi me fui a conocer los últimos dos lugares que tenía planeados antes de cruzar la frontera.

 

Es mejor saberlo de antemano: Vietnam es uno de los países con más scams (estafas) por metro cuadrado. Existe un sistema de precios dobles —para locales y para turistas—, hay muchas empresas y agencias de viaje ilegítimas que usan el nombre de las que tienen mejor reputación y muchas personas que tratan de engañar a la hora de cobrar. Esto no quiere decir que haya que desconfiar todo el tiempo, sino que hay que estar atento a la hora de, por ejemplo, contratar un tour. Mi experiencia en Halong Bay, uno de los lugares naturales más visitados del país, no fue buena —me robaron, me maltrataron verbalmente y no me dijeron ninguno de los servicios por los que pagué—, por eso recomiendo contratar los tours más caros e ir con agencias que aparezcan recomendadas en las guías de viaje.

 

Después del mal momento en Halong Bay decidí terminar mi recorrido en Sapa, un pueblo en las montañas, cerca de la frontera con China, rodeado de terrazas de arroz. La región está habitada por varias minorías étnicas como los H’mong y los Dao. Las mujeres, vestidas con su ropa tradicional, con pañuelos de colores en la cabeza y bebés en la espalda, se me acercaron enseguida para hacerme preguntas y ofrecerme sus productos artesanales. Hice una caminata por los alrededores del pueblo, bajo la lluvia, y la niebla no me dejó ver todo el paisaje. Lo que más recuerdo es que una mujer h’mong me acompañó durante todo el trayecto, compartió su paraguas conmigo y me dio la mano varias veces para que no me resbalara con el barro. Con esa última imagen, me despedí de Vietnam y cruce por tierra a Laos para seguir camino.

Aniko tiene 30 años y viaja por el mundo desde los 22. Va con mochila, cámara y cuadernos y se dedica a observar cómo vive la gente en otros lugares. Le gusta viajar lento y caminar mucho, suele dormir en casas de familia y le encanta probar comidas nuevas. Escribe dos blogs (viajandoporahi.com y escribir.me), colabora en revistas de Argentina y en el 2013 autopublicó“Días de viaje” su primer libro de relatos.

 

 

 

 

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